lunes, 21 de noviembre de 2016

Evolución católica

   Las recientes declaraciones del Papa Francisco han conseguido que muchos católicos, independientemente de su situación ideológica, de la postura favorable o contraria que tuvieran hacia él, le hayan criticado, y con razón, pues al fin y al cabo, ¿qué mal se hace con querer guardar las cenizas de los seres queridos?
   Y es que el mundo católico también evoluciona, y no me refiero sólo al hecho de ir sustituyendo el entierro por la cremación sino también al de criticar al Papa, y esto, curiosamente, creo que hay que agradecérselo al Pontífice más conservador del último cuarto de siglo.
   Nadie duda de que Juan Pablo II entró en política más que cualquier otro Papa, y además una política muy conservadora. ¿Consiguió lo que pretendía? Algo sí, sin duda, pero las personas de mentalidad muy rígida no acaban de entender que mucho de lo que dicen no sólo no se acepta sino que crea rechazo. Sin ir más lejos, la enseñanza religiosa ha sido -y supongo que seguirá siendo- la gran fábrica de ateísmo y anticlericalismo. Por eso pienso que esa política de Wojtyla de reforzar las esencias católicas consiguió algo pero posiblemente más por el sentido contrario. Seguro que muchos católicos, por conservadores que fueran, acabarían pensando que la Iglesia en general, y el Papa en particular, deben moderarse un poco. Cada persona puede ser todo lo creyente o lo no creyente que quiera, y, si es creyente, todo lo conservador o lo progresista que le parezca. Lo que no es de recibo es ser acrítico, eso ya no es de creyente sino de sectario. Que muchos católicos, de una tendencia o de otra se atrevan a discrepar del Papa, es muy buena señal, desde luego. 

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