domingo, 25 de septiembre de 2016

Se nombra lo que sorprende

  Hace mil años -y hace menos- las palabras fascismo, machismo, clasismo, etc. no habrían sido necesarias. Al fin y al cabo lo normal entonces era hacer política partiendo del territorio, la jerarquía y la estirpe. Lo normal entonces era que la mujer estuviera subordinada al varón. Lo normal entonces era que uno muriera en el mismo grupo en el que había nacido. ¿Para qué molestarse en nombrar lo normal?
  Por fortuna, la realidad es dinámica y la idea de que los derechos de una persona no dependen de su sexo, su riqueza, su lugar de nacimiento, etc. se va imponiendo poco a poco. Entonces, cuando el igualitarismo va siendo lo normal, tanto las posturas conservadoras -machismo,clasismo- como las reaccionarias -fascismo- se hacen notar, y es necesario nombrarlas.
  La necesidad de estas palabras, por tanto, es la prueba de que algo hemos progresado, y que al mismo tiempo no debemos olvidar de qué situación hemos partido. Quizás llegue un momento en que la palabra igualitarismo no sea necesaria.

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