viernes, 15 de julio de 2016

Es un ejemplo extremo, pero...

En una novela de Vargas Llosa un cura de barrio monta una academia para prostitutas con el argumento de que, al ser el único oficio accesible a las muchachas del lugar, al menos que lo ejerzan con talento. Desde luego, conocimientos pedagógicos no le faltaban, al poner en marcha una enseñanza orientada al futuro laboral, centrada más en procedimientos que en contenidos y, muy importante, conectada con la experiencia vital del alumnado. Y eso treinta años antes de la LOGSE.
Bromas aparte, estos tres principios pedagógicos, tan útiles si se aplican como es debido, han hecho y siguen haciendo mucho daño a la enseñanza en España. Tan importante como la preparación laboral es contar con referentes culturales, con claves para entender el mundo, de nada sirven los procedimientos si no hay al menos unos conocimientos mínimos a los que aplicarlos, y me voy a detener un poco más en el tercer punto.
Desde luego que la transmisión de conocimientos debe ir de lo particular a lo general, de lo concreto a lo abstracto, de lo cercano a lo lejano, porque a ciertas edades la mente funciona así, pero tarde o temprano hay que dar el salto. Si nos quedamos en las primeras fases los alumnos se estancan no sólo en conocimientos sino también en desarrollo personal, y al final se perpetúan las diferencias iniciales, contradiciéndose así un principio mucho más importante que los anteriores: educar es universalizar.

Dedico esta entrada a Ricardo Moreno Castillo, por su insistencia en que la escuela no debe ser un espejo sino un faro de la sociedad.