domingo, 4 de enero de 2015

Una metáfora del progreso

  Hace veinticinco siglos, los antiguos griegos iban a todas partes vestidos con túnica, y cuando veían a los persas con pantalones les parecía lo más ridículo del mundo.



Los romanos tenían otra mentalidad. Gente práctica, el contacto con los celtas les enseñó que los pantalones eran preferibles a la túnica para  montar a caballo, así que los copiaron, primero para la caballería, y luego también para la infantería. Esta generalización ocurrió, sin duda, al enfrentarse con sármatas, germanos, dacios, armenios y otros habitantes de tierras frías. La vestimenta mediterránea resultaba insuficiente.
 Durante algunos siglos los pantalones fueron exclusivamente una prenda militar, pero la llegada de contingentes bárbaros, cada vez más numerosos, al Imperio, hizo que muchos romanos fueran copiando usos de los nuevos vecinos, entre ellos los relacionados con el vestuario. Con el paso del Mundo Antiguo a la Edad Media, la sustitución de la túnica por el conjunto de pantalones y camisa fue un hecho.
 Estos pasos ocurrieron en relativamente poco tiempo. Al igual que otros avances, que los pantalones pasaran de ser una prenda exclusivamente masculina a ser usados por las mujeres ya tardó algo más. En fin.



 PD: por una de esas ironías tan típicas de la historia, la palabra pantalón, derivada del nombre propio  
 Pantaleón, es griega. El nombre latino de los pantalones, bracae, ha dejado por su parte una variada descendencia: castellano bragas, euskera prakak, francés braies, inglés breeches, escandinavo brok...