sábado, 5 de abril de 2014

Qué absurdos los nacionalismos: querer separarse cuando todo el mundo quiere unirse

 Para el autor de esta frase está claro que sólo existen los nacionalismos centrífugos, no los centrípetas. A lo mejor es de los que piensan que nacionalistas, como bien sabemos, son siempre los otros y los nuestros son patriotas.
 Pero vamos a ver, si a los vascos y los catalanes unimos los escoceses, los corsos, los italianos del norte, los croatas, los eslovenos, los eslovacos, los lituanos, los estonios, los letones, los ucranianos, los kurdos, los osetas, los tibetanos, los quebequeses, etc. no está tan claro que todo el mundo quiera unirse.
 Al fin y al cabo, tanto separarse como unirse son cosas que los pueblos han hecho una y mil veces desde que el mundo es mundo. El problema no está en tales acciones sino en los motivos que las hayan inspirado.
 El gran peligro de esta frase es que despista de los motivos reales por los que hay que oponerse al nacionalismo: su visión metafísica, esencialista, de la nación como algo preexistente a las personas, su estrechez mental al interpretar la historia, su desprecio por los derechos individuales... En general, todo lo que lo aparta del espacio de las ideologías para llevarlo al de las religiones.

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