miércoles, 23 de noviembre de 2016

Columnas y artículos

   El comentar ayer que FS habla mucho y de muchas cosas me lleva a recordar una distinción bastante importante, la que da título a esta entrada.
   Un articulista escribe de un tema en el que es experto. Por tanto, se puede estar o no de acuerdo con él, pero no se le puede negar competencia. Un columnista, por el contrario, es un todólogo. ¿Por qué se justifica entonces la existencia de un columnista? Sobre todo, por el estilo. La columna es, al fin y al cabo, un texto literario en el que el contenido puede vale tanto como la forma, o más. Los textos de Francisco Umbral en El Mundo eran un buen ejemplo, como lo siguen siendo los de Juan José Millás o Manuel Vicent en El País. Podemos citar de éste último a Rosa Montero, que ya no suele ser tan vehemente como en otros tiempos, le que solía estropearle bastante. Y no nos olvidemos de Manuel Alcántara en diversos periódicos regionales.
  ¿Se puede decir lo mismo de otros columnistas? Por desgracia no, En muchos casos nos cuentan lo que nos puede contar cualquiera y como nos lo cuenta cualquiera, con lo que la función originaria de la columna se pierde.

martes, 22 de noviembre de 2016

Sobre Fernando Savater

 Desde el principio admiré a este filósofo por varios motivos, entre ellos su anticlericalismo, su defensa a ultranza de la enseñanza pública como única vía de integración social y superación de desigualdades y su antinacionalismo. Esto lo debo matizar pues con la lectura de La desfachatez intelectual de Ignacio Sánchez Cuenca se me ha caído un poco el mito. Parece que FS no empezó a hablar alto contra ETA hasta algo después de los años de plomo, aunque justo es reconocer que no tardó mucho.
 Pero alguien que habla mucho y de muchas cosas también puede equivocarse mucho, y lo cierto es que sus opiniones sobre el tabaco y los toros me distanciaron mucho de él, resultaban realmente sofísticas.
 Luego anunció que se iba del PSOE pero que no podía irse al PP porque éste no quería  ciudadanos sino feligreses, lo que le hizo merecedor de un sonoro aplauso e incluso mi voto, por tres razones: esa misma, la reivindicación de una nueva ley electoral y la demostración de que el discurso nacionalista navarro no era sino un calco del discurso nacionalista vasco. Pena que luego UPyD, en lugar de impulsar esa parte más progresista de su ideario prefirió ser la sombra del PP, lo que le hizo perder votos por la izquierda sin obtenerlos, claro está, por la derecha.
 Y mientras tanto, FS, sin dejar de ser bastante crítico se vuelve a presentar al Planeta, ganándolo ahora -la primera vez fue finalista. Que un profesor de Ética participe en un premio literario amañado resulta difícil de calificar.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Evolución católica

   Las recientes declaraciones del Papa Francisco han conseguido que muchos católicos, independientemente de su situación ideológica, de la postura favorable o contraria que tuvieran hacia él, le hayan criticado, y con razón, pues al fin y al cabo, ¿qué mal se hace con querer guardar las cenizas de los seres queridos?
   Y es que el mundo católico también evoluciona, y no me refiero sólo al hecho de ir sustituyendo el entierro por la cremación sino también al de criticar al Papa, y esto, curiosamente, creo que hay que agradecérselo al Pontífice más conservador del último cuarto de siglo.
   Nadie duda de que Juan Pablo II entró en política más que cualquier otro Papa, y además una política muy conservadora. ¿Consiguió lo que pretendía? Algo sí, sin duda, pero las personas de mentalidad muy rígida no acaban de entender que mucho de lo que dicen no sólo no se acepta sino que crea rechazo. Sin ir más lejos, la enseñanza religiosa ha sido -y supongo que seguirá siendo- la gran fábrica de ateísmo y anticlericalismo. Por eso pienso que esa política de Wojtyla de reforzar las esencias católicas consiguió algo pero posiblemente más por el sentido contrario. Seguro que muchos católicos, por conservadores que fueran, acabarían pensando que la Iglesia en general, y el Papa en particular, deben moderarse un poco. Cada persona puede ser todo lo creyente o lo no creyente que quiera, y, si es creyente, todo lo conservador o lo progresista que le parezca. Lo que no es de recibo es ser acrítico, eso ya no es de creyente sino de sectario. Que muchos católicos, de una tendencia o de otra se atrevan a discrepar del Papa, es muy buena señal, desde luego. 

domingo, 20 de noviembre de 2016

Un pequeño cambio

   Periódicamente leemos y oímos que no vale la pena mantener la diferencia entre derechas e izquierdas, y quizás sea cierto. Se me ocurre desde hace tiempo una nueva oposición, que es la diferencia entre política natural y política racional.
   ¿Qué es natural? Muy sencillo, el territorio, la jerarquía y la estirpe. ¿Qué es racional? También muy sencillo, la igualdad de derechos y oportunidades por encima del sexo, la raza, la clase, el lugar de origen, etc. (En este caso, lo de sencillo es broma, claro está.)
   Esta idea me ha venido a fuerza de leer a los investigadores de Atapuerca en general y a Eudald Carbonell muy en particular, aunque claro, me tengo que informar al detalle sobre sus posiciones catalanistas. A lo mejor resulta que dentro de casa es más natural que racional, lo que tampoco me importaría mucho. Al fin y al cabo, una buena muestra de racionalidad es saber aprovechar las ideas independientemente de que su enunciador las cumpla o no.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Se nombra lo que sorprende

  Hace mil años -y hace menos- las palabras fascismo, machismo, clasismo, etc. no habrían sido necesarias. Al fin y al cabo lo normal entonces era hacer política partiendo del territorio, la jerarquía y la estirpe. Lo normal entonces era que la mujer estuviera subordinada al varón. Lo normal entonces era que uno muriera en el mismo grupo en el que había nacido. ¿Para qué molestarse en nombrar lo normal?
  Por fortuna, la realidad es dinámica y la idea de que los derechos de una persona no dependen de su sexo, su riqueza, su lugar de nacimiento, etc. se va imponiendo poco a poco. Entonces, cuando el igualitarismo va siendo lo normal, tanto las posturas conservadoras -machismo,clasismo- como las reaccionarias -fascismo- se hacen notar, y es necesario nombrarlas.
  La necesidad de estas palabras, por tanto, es la prueba de que algo hemos progresado, y que al mismo tiempo no debemos olvidar de qué situación hemos partido. Quizás llegue un momento en que la palabra igualitarismo no sea necesaria.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Provincias y estabilidad

   Los dos principales argumentos para mantener el sistema electoral que padecemos en España son que contribuye a la estabilidad y que permite que estén representadas todas las provincias. Con el primero no hay que detenerse mucho. Si lo importante es la estabilidad, ¿para qué se convocan elecciones? ¿No habría mucha más estabilidad con un régimen de partido único?
   Más hay que detenerse en el segundo. Se representa a todas las provincias, cierto, pero, ¿les sirve eso de algo? Si comparamos las diez provincias españolas más pobres hace cuarenta años y las diez provincias españolas más pobres ahora no creo que haya muchas diferencias. Sí, esas provincias en las que un escaño cuesta unos pocos miles de votos, pero sólo el PP -y ocasionalmente el PSOE- obtiene representación.  Incluso, si fuéramos malas personas, pensaríamos que conviene que esas provincias sigan despobladas y envejecidas para que así sigan siendo conservadoras.
  Se representa, sí, a todas las provincias, pero no a todos los sectores de cada provincia, y ése debe ser el objetivo de una política progresista. Criticamos a los nacionalistas porque reivindican el derecho de autodeterminación para los territorios pero se lo niegan a las personas, y resulta que nuestro sistema electoral hace lo mismo. Cierto que los sectores no representados son minoritarios, pero la democracia debe atender a las minorías, si no, es la dictadura del número que decía Baroja, o la superstición basada en el abuso de la estadística, de Borges. Y si sumamos minorías, nos encontramos con que muchos pocos hacen un mucho, que la gente ninguneada por este sistema puede ser más numerosa de lo que pensábamos. Estamos en una situación similar a la de la Francia postrevolucionaria, cuando sólo los ricos tenían derecho al voto.

viernes, 15 de julio de 2016

Es un ejemplo extremo, pero...

En una novela de Vargas Llosa un cura de barrio monta una academia para prostitutas con el argumento de que, al ser el único oficio accesible a las muchachas del lugar, al menos que lo ejerzan con talento. Desde luego, conocimientos pedagógicos no le faltaban, al poner en marcha una enseñanza orientada al futuro laboral, centrada más en procedimientos que en contenidos y, muy importante, conectada con la experiencia vital del alumnado. Y eso treinta años antes de la LOGSE.
Bromas aparte, estos tres principios pedagógicos, tan útiles si se aplican como es debido, han hecho y siguen haciendo mucho daño a la enseñanza en España. Tan importante como la preparación laboral es contar con referentes culturales, con claves para entender el mundo, de nada sirven los procedimientos si no hay al menos unos conocimientos mínimos a los que aplicarlos, y me voy a detener un poco más en el tercer punto.
Desde luego que la transmisión de conocimientos debe ir de lo particular a lo general, de lo concreto a lo abstracto, de lo cercano a lo lejano, porque a ciertas edades la mente funciona así, pero tarde o temprano hay que dar el salto. Si nos quedamos en las primeras fases los alumnos se estancan no sólo en conocimientos sino también en desarrollo personal, y al final se perpetúan las diferencias iniciales, contradiciéndose así un principio mucho más importante que los anteriores: educar es universalizar.

Dedico esta entrada a Ricardo Moreno Castillo, por su insistencia en que la escuela no debe ser un espejo sino un faro de la sociedad.